En 2018 se produjo cine venezolano a pesar de la precariedad del país

El contexto cinematográfico de los últimos 12 meses estuvo marcado por el estreno de producciones premiadas, la proyección en el exterior de un documental espinoso y la caída de espectadores en las salas.

El cine continuó produciéndose en Venezuela a pesar de la adversidad. Este año los gremios alertaron sobre los problemas de financiamiento a través de instituciones como el CNAC, y la deuda con el programa Ibermedia. Y a la cartelera llegaron trabajos con buen recorrido en festivales.

Los críticos y cineastas Edgar Rocca, Luis Bond, Sergio Monsalve y Robert Gómez determinaron cuáles fueron los momentos importantes para el cine en Venezuela en 2018.

La familia. La película de Gustavo Rondón es noticia desde 2017, cuando participó en Cannes y compitió en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pero fue este año cuando se estrenó en las salas del país.

El filme, que narra la historia de un padre y su hijo, quienes huyen ante el temor de represalias por un hecho violento en el que se involucró el menor, también ganó el Premio a la Mejor Película en el Festival de Biarritz.

“Rondón tiene una carrera bastante sólida como director, guionista y editor de cortometrajes. Que su ópera prima haya tenido tan excelente recepción internacional, no solo le abre las puertas a él como realizador, también hace que nuestro cine siga sonando en otras partes del mundo”, afirma Bond.

Distribución de El Silbón. La película El Silbón: orígenes, de Gisberg Bermúdez, no solo se perfila como uno de los filmes venezolanos más vistos en 2018, sino que también se prevé que alcanzará gran difusión por su distribución en otros mercados. Basado en la popular leyenda llanera, la obra plantea un debate sobre el mal, la relatividad de los hechos que suelen ser rechazados moralmente y la impartición de justicia. El largometraje ganó el Premio a la Mejor Película Iberoamericana en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre y por sus méritos será distribuida en Argentina, Chile, Paraguay, Argentina, Perú, Ecuador y Bolivia. “El valor está en el estreno en otros mercados luego de su presentación aquí el 7 de diciembre. Ese es el siguiente paso de la cinematografía nacional. El mercado natural es obligatorio, pero no es el único. Si se busca sostenibilidad, el objetivo es exhibir en los mercados cercanos. Hay que seguir el ejemplo de los productores de El Silbón”, afirma Rocca.

El pueblo soy yo. En España se estrenó, en octubre, el documental El pueblo soy yo, de Carlos Oteyza. Es un trabajo producido por el escritor mexicano Enrique Krauze, que analiza la llegada del chavismo a Venezuela, así como sus trágicas consecuencias. La película tiene además como objetivo advertir sobre el peligro de entregar a una sola persona el poder. Hasta ahora, no hay fecha de presentación en el país. Solo hubo una proyección especial en la UCAB a comienzos de diciembre. “Se estrenó comercialmente en el extranjero. No en un festival, ni en las salas locales. Se trata de la mirada de Carlos Oteyza y Enrique Krauze sobre los populismos latinoamericanos. Es más que relevante el viaje de un filme, documental por demás, que entra en la cartelera española antes que en la de su país de origen. Las razones no son pocas, pero no hay espacio para hablar de ello”, recuerda Robert Gómez.

La caída de espectadores. Ya en el primer semestre de 2018 había motivos para alarmarse en la industria de la distribución y exhibición cinematográfica. En ese lapso, hubo un descenso de 1,8 millones de asistentes en comparación con el mismo período de 2017. En detalle, entre enero y junio de este año asistieron a las salas 8.365.334 espectadores; en 2017, en esos mismos meses, la cifra fue de 10.192.277 personas de acuerdo con datos de la Asociación de la Industria del Cine. Para ese momento, habían cerrado 85 salas comerciales a nivel nacional, y además la cartelera mermó por la decisión de Fox de no estrenar más películas en el país, razón por la que filmes como Bohemian Rhapsody no pudieron ser proyectados en Venezuela. “Este año las películas venezolanas llevan un promedio de 15.000 espectadores en las salas. En 2014 el promedio de las películas hechas en casa tenía un rango entre 40.000 y 100.000 tickets vendidos”, detalla Rocca.

El cine de la diáspora. Durante 2018 fueron estrenadas varias producciones venezolanas realizadas por cineastas que viven en el extranjero. “La diáspora dejó de ser un mito para convertirse en una realidad audiovisual que aportó cuatro largometrajes clave: Ann, Arpón, Translúcido y Oculto. La crítica reconoce la impronta y el valor de directores que refrescan los contenidos y las narrativas clásicas, desde las plataformas territoriales y conceptuales del extranjero, sin renegar de sus raíces, en un proceso de redefinición de nuestra identidad” asegura Monsalve.

“Gustavo Rondón tiene una carrera bastante sólida como director, guionista y editor de cortometrajes. Ver que su ópera prima ha tenido tan excelente recepción internacional, no solo le abre las puertas a él como realizador, también hace que nuestro cine siga sonando en otras partes del mundo”

Luis Bond

“Es más que relevante el viaje de un filme (El pueblo soy yo, de Carlos Oteyza), documental por demás, que entra en la cartelera española antes que en la de su país de origen. Las razones no son pocas”

Robert Gómez

“Este año las películas venezolanas llevan un promedio de 15.000 espectadores en salas. En 2014 el promedio de las películas hechas en casa tenía un rango entre 40.000 y 100.000 tickets vendidos”

Con información de: El Nacional.

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